
Cuarta Semana de Cuaresma
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu Santo. Amén
En la lectura del evangelio de hoy Jesús se convierte: en Luz para los que reconocen su oscuridad y necesitan ser iluminados; es oscuridad para los que creen tener la verdad en sí mismos para aclararlo todo. Los ciegos comienzan a ver, los que creen ver y tener todo en el mundo externo se quedan ciegos. La luz es la gran oferta de Dios en Jesucristo, pero esa luz se presenta para el que la quiere tomar, no se impone. En este evangelio, Jesús nos invita a iluminarnos a través del cumplimiento de sus preceptos y vivir en armonía y bienestar bajo la luz de su amor.

Dios todopoderoso, encomendamos a ti nuestra vida y la de toda nuestra familia, para que continuando en este camino de cuaresma, busquemos siempre la reconciliación contigo. Porque sin importar nuestro pecado, o lo que nos hayamos equivocado , tú siempre nos recibes con los brazos abiertos. Ayudanos a reconocer tu amor y tu misericordia, para siempre correr de nuevo a tus brazos.
Amen


En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?» Jesús respondió: «Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios. Es necesario que yo haga las obras del que me envió, mientras es de día, porque luego llega la noche y ya nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, yo soy la luz del mundo».
Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, se lo puso en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte en la piscina de Siloé» (que significa ‘Enviado’). Él fue, se lavó y volvió con vista.
Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes pidiendo limosna, preguntaban: «¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna?» Unos decían: «Es el mismo». Otros: «No es él, sino que se le parece». Pero él decía: «Yo soy». Y le preguntaban: «Entonces, ¿cómo se te abrieron los ojos?» Él les respondió: «El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me lo puso en los ojos y me dijo: ‘Ve a Siloé y lávate’. Entonces fui, me lavé y comencé a ver». Le preguntaron: «¿En dónde está él?» Les contestó: «No lo sé».
Llevaron entonces ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaron cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo». Algunos de los fariseos comentaban: «Ese hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes prodigios?» Y había división entre ellos. Entonces volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué piensas del que te abrió los ojos?» Él les contestó: «Que es un profeta».
Pero los judíos no creyeron que aquel hombre, que había sido ciego, hubiera recobrado la vista. Llamaron, pues, a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste su hijo, del que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo es que ahora ve o quién le haya dado la vista, no lo sabemos. Pregúntenselo a él; ya tiene edad suficiente y responderá por sí mismo». Los padres del que había sido ciego dijeron esto por miedo a los judíos, porque éstos ya habían convenido en expulsar de la sinagoga a quien reconociera a Jesús como el Mesías. Por eso sus padres dijeron: ‘Ya tiene edad; pregúntenle a él’.
Llamaron de nuevo al que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es pecador». Contestó él: «Si es pecador, yo no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo». Le preguntaron otra vez: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Ya se lo dije a ustedes y no me han dado crédito. ¿Para qué quieren oírlo otra vez? ¿Acaso también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?» Entonces ellos lo llenaron de insultos y le dijeron: «Discípulo de ése lo serás tú. Nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero ése, no sabemos de dónde viene».
Replicó aquel hombre: «Es curioso que ustedes no sepan de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero al que lo teme y hace su voluntad, a ése sí lo escucha. Jamás se había oído decir que alguien abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder». Le replicaron: «Tú eres puro pecado desde que naciste, ¿cómo pretendes darnos lecciones?» Y lo echaron fuera.Supo Jesús que lo habían echado fuera, y cuando lo encontró, le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en él?» Jesús le dijo: «Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él dijo: «Creo, Señor». Y postrándose, lo adoró.Entonces le dijo Jesús: «Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean, y los que ven queden ciegos». Al oír esto, algunos fariseos que estaban con él le preguntaron: «¿Entonces también nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: «Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero como dicen que ven, siguen en su pecado».
–Juan 9, 1- 41
Reflexión
Existen ciertas oscuridades y penumbras de la vida que no se sacian con cualquier luz. Solo Jesús es el agua viva y la luz capaz de alcanzar esas zonas de la existencia. Hoy la luz brilla en un ciego de nacimiento. Luz y tiniebla, esa es la relación de Jesús con nosotros.
“¿Quién pecó éste o sus padres para que naciera así?” (Jn 9,2). El sufrimiento humano no es reparo ni se encuentra separado de Dios. En la cruz de Cristo, y en toda cruz, Dios se revela particularmente como Enmanuel. “Ni pecó este ni sus padres, sino para que se manifieste en él la obra de Dios” (Jn 9,3). El dolor humano es un misterio con muchos responsables; solo uno no es responsable, aunque no sea ajeno a él, Dios. Jesús vino a abrir los ojos, también sobre esto.
Jesús vino a abrir los ojos del hombre para que viera por sus propios ojos, pero vino, además, a dar profundidad y horizonte a su mirada. Vino a que el hombre recuperara el punto de vista de Dios y su mirada, que no es como la del hombre, “pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira al corazón” (1ª lectura). Y a que caminara por la vida luminosamente, como hijo de la Luz (2ª lectura).
Jesús nos enseña que para ver bien, hay que purificar el corazón -“Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8)-. Y él es la Luz que ilumina el corazón y la vida.
Basado en la reflexión de Domingo J. Montero Carrión, Franciscano Capuchino.
Compromiso para esta semana
- RECONOCE la inmensa misericordia que Dios tiene para con todos buenos y malos y que Él siempre perdonará a quien está arrepentido de lo que hizo.
- DEJA QUE EL ESPÍRITU SANTO guíe tus pasos para acercarte cada vez más a la luz verdadera de Dios y a su voluntad.
- REPASA en tu mente el inmenso amor y misericordia que Dios tiene para con todos.
- COMPROMETETE a acercarte más a Dios, ya sea: orando más, leyendo la biblia, uniéndote a alguna clase/evento en tu parroquia, buscando la confesión, etc…

Dios eterno, gracias por permitirnos llegar a esta cuarta semana de Cuaresma 2023. Gracias por mostrarnos lo maravilloso, misericordioso y amoroso que eres. Permítenos volver siempre a tu casa si llegamos a perdernos algún día. Si nos demoramos en volver, Señor tú no te canses en seguir enviando tus mensajeros que nos inspiren y guíen para que retornemos a casa. No permitas que el enemigo siembre en nuestro corazón la semilla de ser indignos de merecer tu amor y de la culpabilidad. Y que tu Santo Espíritu nos muestre siempre que debemos reconciliarnos contigo.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
Recibe las reflexiones de Cuaresma y Semana Santa 2023 en tu correo electrónico

Una respuesta a “Cuarta Semana de Cuaresma 2023”