Retiro de Semana Santa 2026 – Viernes Santo

HOY CONMEMORAMOS LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE de JESÚS. Recordamos el sacrificio más grande que Dios ha hecho por amor a nosotros, y por nuestra reconciliación con Él, se sacrificó a si mismo por la salvación de la humanidad.

Viernes Santo

Viernes Santo

Estas actividades pueden realizarse el 3 de abril del 2026.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Señor te pedimos humildemente que nos permitas reconocer la importancia y necesidad del sacrificio que hiciste por cada uno de nosotros. Ábrenos los ojos del alma para que veamos que tú no nos quieres condenar o castigar, antes bien, que tú quieres que reflexionemos, nos arrepintamos y recibamos tu perdón. Ayúdanos a meditar hoy en tu pasión y muerte y a ser obedientes, mansos y amorosos. Amén.

En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscan?” Le contestaron: “A Jesús, el nazareno”. Les dijo Jesús: “Yo soy”. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles ‘Yo soy’, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar: “¿A quién buscan?” Ellos dijeron: “A Jesús, el nazareno”. Jesús contestó: “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan”. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: ‘No he perdido a ninguno de los que me diste’.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: “Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?”
El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: ‘Conviene que muera un solo hombre por el pueblo’.
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?” Él dijo: “No lo soy”. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó: “Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho”.
Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús, diciéndole: “¿Así contestas al sumo sacerdote?” Jesús le respondió: “Si he faltado al hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?” Entonces Anás lo envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?” Él lo negó diciendo: “No lo soy”. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: “¿Qué no te vi yo con él en el huerto?” Pedro volvió a negarlo y enseguida cantó un gallo.
Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua.
Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y les dijo: “¿De qué acusan a este hombre?” Le contestaron: “Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído”. Pilato les dijo: “Pues llévenselo y júzguenlo según su ley”. Los judíos le respondieron: “No estamos autorizados para dar muerte a nadie”. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Pilato le dijo: “¿Y qué es la verdad?”
Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: “No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?” Pero todos ellos gritaron: “¡No, a ése no! ¡A Barrabás!” (El tal Barrabás era un bandido).
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: “¡Viva el rey de los judíos!”, y le daban de bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo: “Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa”. Salió, pues, Jesús, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: “Aquí está el hombre”. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus servidores, gritaron: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato les dijo: “Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él”. Los judíos le contestaron: “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios”.
Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús: “¿De dónde eres tú?” Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” Jesús le contestó: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor”.
Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que pretende ser rey, es enemigo del César”. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. Ellos gritaron: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿A su rey voy a crucificar?” Contestaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César”. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz se dirigió hacia el sitio llamado “la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron, y con él a otros dos, uno de cada lado, y en medio Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: ‘Jesús el nazareno, el rey de los judíos’. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Soy rey de los judíos’ ”. Pilato les contestó: “Lo escrito, escrito está”.
Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Por eso se dijeron: “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quién le toca”. Así se cumplió lo que dice la Escritura: Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica. Y eso hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo se la llevó a vivir con él.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: No le quebrarán ningún hueso; y en otro lugar la Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que lo dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto, un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.

 Palabra de Dios, R/ Gloria a ti Señor Jesús.

Jesús estaba orando en el jardín llamado Getsemaní cuando una turba vino a arrestarlo. Judas, uno de los discípulos de Jesús, elige traicionar a Jesús a cambio de algunas monedas. Pedro quería pelear con ellos. Pero Jesús fue con ellos en paz. Llevaron a Jesús a los gobernantes y no pudieron encontrar de qué manera acusarlo. Él todo lo había hecho bien. Pero Pilato el gobernador temía a la gente, así que como era costumbre, podían liberar a alguien: a Jesús o a un criminal que estaba arrestado; y la gente elige matar a Jesús. Le dieron a Jesús una pesada cruz para cargar y luego clavaron a Jesús en ella. Jesús tenía mucho dolor, pero todo lo hacía por amor a cada uno de nosotros. Finalmente, Jesús murió. Es doloroso pensar en todo lo que le hicieron a Jesús, y es de admirar el amor, la fuerza, la obediencia y el respeto que Jesús mostró a pesar de todo lo que estaba viviendo en su Pasión. Todo lo que vivió es el sacrificio que pago por cada uno de nosotros. Jesús te ama y ama a cada una de las personas que conoces, todo lo que Él hizo, lo hizo para que nosotros pudiéramos estar más cerca de Él en esta vida terrenal y en la vida eterna.

Reflexiona …

  • ¿Qué enseñanzas te da Jesús a través de su actuar durante su pasión y muerte?

Elige una de las siete palabras de Jesús y reflexiona junto a tu familia en su significado.

Haz una oración de agradecimiento a Dios o designen a alguien de la familia para que haga esta oración. Después cada uno pensará en las peticiones que quiera hacer a Dios, las compartirá en voz alta o las escribirá en un papel que pondrá en el altar. La familia orará y pedirá a Dios que les dé un corazón humilde para poder reconocer, entender y valorar el sacrificio que Jesús hizo por la humanidad.

PARTICIPA en las celebraciones litúrgicas de tu iglesia hoy Viernes Santo. Medita en la pasión de Jesús y dale las gracias por haber hecho ese sacrificio por la humanidad y REALIZA EL VIACRUCIS.

Señor si aún no te reconozco como el Señor de mi vida, muéstramelo. Condúceme al arrepentimiento, la contrición y dame tu perdón y salvación. Ayúdame a ver y valorar el gran sacrificio que hiciste por mí y mostrar con mi vida que este no fue de ninguna manera en vano. Que mis pensamientos, palabra y obrar siempre estén llenos de ti. Amén
Padrenuestro, Dios te salve y Gloria

Ahora miremos el siguiente video:

                                                                                                         

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Gracias por compartirnos tu reflexión de Adviento.

Gracias por ser parte de este retiro espiritual.

Hemos terminado las actividades de esta semana. Nos vemos la próxima Semana.

PERMÍTENOS ORAR POR TUS PLEGARIAS

¿Te gustaría que oremos por ti o por alguien más ?

El grupo de intercesión de Conversando con Dios orará por tu intención. Clamando a Dios para que su voluntad obre en tu vida y en la de quienes estén en tu intención. Recuerda lo que nos dice Jesús: «Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» Mateo 18,20

Retiro familias con niños Viernes Santo

Estas actividades pueden realizarse el 3 de abril del 2026.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Señor te pedimos humildemente que nos permitas reconocer la importancia y necesidad del sacrificio que hiciste por cada uno de nosotros. Ábrenos los ojos del alma para que veamos que tú no nos quieres condenar o castigar, antes bien, que tú quieres que reflexionemos, nos arrepintamos y recibamos tu perdón. Ayúdanos a meditar hoy en tu pasión y muerte y a ser obedientes, mansos y amorosos. Amén.

Una noche, Jesús fue con sus amigos a un huerto para orar. Allí llegó Judas, uno de sus discípulos, con soldados, y traicionó a Jesús señalándolo con un beso. Los soldados lo arrestaron y se lo llevaron.

Mientras tanto, Pedro, uno de los mejores amigos de Jesús, tuvo miedo y dijo tres veces que no lo conocía. Después, se puso muy triste por haberlo negado.

Jesús fue llevado ante los jefes religiosos y luego ante el gobernador Pilato. Aunque Pilato no encontraba que Jesús hubiera hecho algo malo, la gente gritaba:
“¡Crucifícalo!” y pidió que soltaran a otro hombre en su lugar.

Los soldados se burlaron de Jesús, le pusieron una corona de espinas y lo golpearon. Después lo obligaron a cargar una cruz hasta un lugar llamado Gólgota, donde lo clavaron en la cruz junto a dos hombres más.

Desde la cruz, Jesús aún pensó en los demás: pidió que cuidaran a su mamá y perdonó a quienes le hacían daño. Finalmente, después de mucho sufrimiento, Jesús murió en la cruz para salvarnos.

Un hombre bueno llamado José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús y lo colocó con respeto en una tumba nueva, donde fue sepultado.

Niños, en este Evangelio vemos que Jesús pasó por momentos muy difíciles. Fue traicionado por un amigo, lo trataron mal, se burlaron de Él y lo hicieron sufrir mucho. Pero Jesús nunca dejó de amar.

Aunque tenía miedo y dolor, Jesús decidió obedecer a Dios y perdonar a todos. Él hizo esto porque nos ama muchísimo y quería salvarnos y enseñarnos cómo debemos amar a los demás.

Pedro, uno de sus amigos, tuvo miedo y dijo que no conocía a Jesús. A veces a nosotros también nos da vergüenza o miedo decir que creemos en Jesús, pero este Evangelio nos enseña que debemos ser valientes y confiar en Él.

Jesús también nos enseña algo muy importante:
perdonar incluso cuando alguien nos hace daño. Eso no es fácil, pero Jesús nos muestra que es el camino del amor y de la paz.

Niños menores de 7 años

Los niños pequeños comprenden mejor a través de imágenes. Puedes darles dibujos de:

María y los discípulos acompañándolo

Jesús en la cruz

Jesús cargando la cruz

Niños mayores de 7 años

Escribir una carta a Jesús

Los niños pueden escribir o dibujar una carta diciendo:

  • gracias por su amor
  • cosas que quieren mejorar
  • personas por las que quieren rezar

Luego pueden colocar sus cartas cerca de una cruz.

Haz una oración de agradecimiento a Dios o designen a alguien de la familia para que haga esta oración. Después cada uno pensará en las peticiones que quiera hacer a Dios, las compartirá en voz alta o las escribirá en un papel que pondrá en el altar. La familia orará y pedirá a Dios que les dé un corazón humilde para poder reconocer, entender y valorar el sacrificio que Jesús hizo por la humanidad.

PARTICIPA en las celebraciones litúrgicas de tu iglesia hoy Viernes Santo. Medita en la pasión de Jesús y dale las gracias por haber hecho ese sacrificio por la humanidad y REALIZA EL VIACRUCIS.

Señor si aún no te reconozco como el Señor de mi vida, muéstramelo. Condúceme al arrepentimiento, la contrición y dame tu perdón y salvación. Ayúdame a ver y valorar el gran sacrificio que hiciste por mí y mostrar con mi vida que este no fue de ninguna manera en vano. Que mis pensamientos, palabra y obrar siempre estén llenos de ti. Amén

Padrenuestro, Dios te salve y Gloria

Hemos terminado las actividades de esta semana. Nos vemos la próxima Semana.

Dios los bendiga.

PERMÍTENOS ORAR POR TUS PLEGARIAS

¿Te gustaría que oremos por ti o por alguien más ?

El grupo de intercesión de Conversando con Dios orará por tu intención. Clamando a Dios para que su voluntad obre en tu vida y en la de quienes estén en tu intención. Recuerda lo que nos dice Jesús: «Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» Mateo 18,20

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