Fe, humildad y oración

Fe, humildad y oración, palabras muy conocidas, pero en conjunto, ¿Qué significan? El pasaje de Marcos 7, 24-30 nos puede ayudar a responder esta pregunta. Jesús intentaba pasar desapercibido, pero no podía. Se rumoraba entre la gente las múltiples sanaciones que había realizado y esto hacía que la gente le buscara a donde fuera.

En la historia se narra que no quería ser visto, y querido lector hoy me gustaría preguntarte, ¿cuántas veces Jesús se ha manifestado en tu vida buscando pasar desapercibido? Y cuando lo has descubierto, ¿cómo has respondido?

Regresando de nuevo al pasaje vemos que una mujer apenas tuvo conocimiento de que Jesús se encontraba cerca lo fue a buscar. Al encontrarlo, lo primero que hizo fue arrodillarse ante Él y pedirle que sanara a su hija.

La actuación de esta mujer nos resalta una virtud muy importante y necesaria para todos si queremos aceptar y dejar obrar a Jesús en nuestra vida, la humildad. La humildad entre varias cosas, implica aceptar nuestra pequeñez y nuestra necesidad de Dios. Aceptar que somos débiles y que como un niño dependemos del apoyo divino de nuestro creador. Porque al final todo lo que somos y tenemos nos viene de Dios.

Esta mujer se acerca a Él siendo de otra región y de otra creencia, ella tenía fe que Él era quien podría sanar a su hija aún cuando su hija no estuviera con ella. Al estar cerca de Jesús tienen una corta conversación:

Jesús le dijo: «Espera que se sacien los hijos primero, pues no está bien tomar el pan de los hijos para echárselo a los perritos». Pero ella le respondió: «Señor, los perritos bajo la mesa comen las migajas que dejan caer los hijos»

Marcos 7, 27-28

Suena un poco extraño cuando leemos la historia y menciona que Jesús utiliza la palabra «perritos», pero en esa época, los judíos se referían a las personas que no eran judías como «perros». Suena algo extraño para nosotros, pero era algo normal en su jerga de esa época. Aunque en principio Jesús no la atiende, ya que llevar el mensaje a los judíos era su misión, Jesús escucha su clamor y al ver su inmensa fe, sana a su hija sin siquiera verla.

Jesús está vivo, Él resucitó y subió a estar a la derecha del Padre y junto con Él y el Espíritu Santo, Él nos acompaña siempre. A pesar de que pasen siglos y siglos Él sigue obrando milagros, el intercede por nosotros, logrando la sanación si es la voluntad del Padre. Y lo que nosotros debemos hacer incesantemente, es pedir la sanidad a través de la oración incluyendo en ella dos ingredientes esenciales: humildad y fe.

Querido lector, hoy también quisiera introducir un concepto del cual puedes no tener mucho conocimiento, la oración de intercesión. A través de la oración de intercesión podemos pedirle al Padre que en nombre de su amadísimo hijo Jesús ayude a otras personas, podemos pedir sanación para ellas, ayuda en una situación difícil, etc.

Hoy Dios nos invita a ejercitar la virtud de la humildad en nosotros, a aumentar nuestra fe y a ser persistentes en nuestra oración. Pruebas duras como la que vivimos en estos momentos nos ayudan a moldear en nosotros las virtudes que nos acercaran más a Dios y a su reino. Toma nota querido lector y no dejes de pedirle a Dios en nombre de su hijo Jesús que te cure, cure a quienes más amas y al mundo entero. Pídele que te ilumine cada día para ser mejor ser humano y nunca soltarte de su mano paternal.

Dios te bendiga. Nos leemos pronto.

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-Marcel

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