Dicen que la esperanza es lo ultimo que se pierde… pero eso no siempre es la realidad de nuestra vida. La vida nos golpea con diferentes situaciones que nos hacen sufrir y dudar, tanto que incluso llegamos a creer que nunca podremos sobreponernos a lo que estamos viviendo, que esa persona y/o situación jamás cambiara, que el error que cometimos no tiene solución, y así pensando en los peores escenarios nos quedamos sin esperanza.
La esperanza es el anhelo de felicidad que Dios ha puesto en nuestros corazones,
y entonces ¿qué sucede cuando estamos desesperanzados? Sucede que le cerramos la puerta a la felicidad y a Dios mismo porque cerramos la puerta a tener un futuro prometedor con su ayuda.
El mal y el mundo no nos ayudan tampoco a tener esperanza, incluso nos hacen olvidar que somos hijos de Dios y que por ello somos sus elegidos y amados. Nos hacen olvidar que ante cualquier situación que vivamos Dios mismo está con nosotros sufriendo, luchando, trabajando y procurando lo mejor para nosotros. Nos hace creer que no hay opciones, ni soluciones, y que las cosas nunca podrán tener un futuro prometedor.
De igual manera cuando nos equivocamos y pecamos, el acusador nos hace pensar únicamente en nuestra culpa, en lo tontos que fuimos, y que por mas que queramos cambiar jamás podremos hacerlo.
Y entonces, ¿qué podemos hacer cuando nos sentimos desesperanzados?…
En esos casos de desesperación podemos ejercitar la confianza de tres maneras, como nos lo planteo Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi: ORAR, OBRAR y REFLEXIONAR
ORAR
Busca a Dios en oración, donde sea que te encuentres y en la posición que quieras hacerlo. Recuerda que Jesús en sus momentos más difíciles oraba con la frente en el suelo. Con humildad busca a Dios, así sientas que hacerlo no va a arreglar nada, HAZLO, porque DIOS sabe lo que estás viviendo y te ayudará.
“Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza, palabra de Yavé.”
Jeremías 29,11
OBRAR
Actúa de la mejor manera que puedas en cualquiera que sea la situación que vivas. Da amor, paz, comprensión y acepta el sufrimiento que puedes estar padeciendo. Reconoce que lo que estás viviendo no es en vano. Ofrece todo a Dios y ten plena confianza que, aunque el panorama se vea desolador, Él está contigo y busca paso a paso guiarte hacía el mejor camino para tu bienestar. Pide su guía y busca obrar su voluntad y seguir sus preceptos. Antes de actuar, cuestiónate, ¿esto lo haría Jesús?
Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.
2 Tesalonicenses 2:16-17
REFLEXIONAR
Nuestra meta en esta vida es la salvación, el Reino de Dios. Con esto en mente, reflexiona en las palabras que dijo Pablo,
Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros.
Romanos 8,18
y reconoce que sin importar los dolores de la vida, conseguir la vida eterna debe ser tu prioridad. Busca organizar tu vida acorde a los preceptos de Dios, enmienda tus caminos y pide la guía del Espíritu Santo. Huye de la desesperanza, recuerda que Jesús murió por tu salvación, el venció aquello de lo que dicen que no se salva nadie la “muerte” y tu vencerás con su ayuda cualquier situación que vivas. Busca seguir su voluntad y verás como todo al final si tiene solución.
Mantengamos viva la esperanza, somos hijos muy amados de Dios y Él nos cuida y protege cada día. Cuando una tormenta llegue a nuestra vida apliquemos los tres pasos: oración, obrar y reflexionar. Oremos sin desfallecer, doblemos rodilla tanto como podamos, obremos de la mejor manera y sobre todo tengamos fe y reflexionemos en que todo lo que vivimos en este mundo, aunque nuestro paso acá sea pasajero, escribirá nuestro destino en la vida eterna.
Y no olvidemos las palabras de Pablo:
Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
Romanos 5: 3-5
¡Vive esperanzado, que el Señor Jesús es tu Salvador!

